I.
Y andaban a tientas, sin imaginar siquiera, sin pasmo y sin presteza...
Y de pronto... entre el denso zarzal, se alzaron un dúo de zarcos, idéntico uno con el otro...
Y se fundieron en una danza arrebatada marrones y zarcos, fluyendo con acordes inexistentes...
Y ahí estaban, tanteando el terreno, vacilantes, reencontrándose, reconociéndose, porque en otra vida, o en otro mundo… ya eran uno.
Comentarios
Publicar un comentario